Biografia de Carl Jung
Carl Jung, joven colega de Freud,
se dedicó a la exploración del "espacio interno" a través de todo su
trabajo. Se lanzó a la tarea equipado con los antecedentes de la teoría
freudiana, por supuesto, y con un conocimiento aparentemente inagotable sobre
mitología, religión y filosofía. Pero era especialmente bueno en el simbolismo
de tradiciones místicas complejas tales como gnosticismo, alquimia, cábala y
tradiciones similares en el hinduismo y el budismo. Si hay una persona que
tenga un sentido del inconsciente y sus hábitos como capaz de expresarse solo de forma simbólica,
éste es Carl Jung.
Además, tuvo la capacidad de un
soñar muy lúcido e ilusiones ocasionales. En otoño del 1913 tuvo la visión de
una "inundación monstruosa" que hundía casi toda Europa cuyas aguas
llegaban hasta las faldas de las montañas de su nativa Suiza. Vio miles de
personas ahogándose y la ciudad temblando. Luego, las aguas se tornaban en
sangre. En las siguientes semanas a la visión, surgieron sueños de inviernos
eternos y ríos de sangre. Estaba asustado de que se estuviese volviendo
psicótico.
Pero el uno de agosto de ese año,
empezó la Primera Guerra Mundial. Jung creyó que de alguna manera existía una
conexión entre él como individuo y la humanidad en general que no podía explicarse.
Desde este momento hasta 1928, se fue metiendo en un proceso doloroso de
auto-exploración que formaría la base de su futura teoría.
Cuidadosamente empezó a anotar
sus sueños, fantasías y visiones, y los dibujó, pintó y esculpió. Jung soñó
también mucho con cuestiones relacionadas con la muerte; con el territorio de
los muertos y el renacimiento de los mismos. Para él, esto representaba el
inconsciente mismo; no aquel "pequeño" inconsciente del que Freud
hizo tan grande, sino un nuevo inconsciente colectivo de la humanidad. Un
inconsciente que podía contener todas las muertes, no solo nuestros fantasmas
personales. Jung empezó a considerar que los enfermos mentales estaban poseídos
por estos fantasmas, en una época donde se supone que nadie creía en ellos. Con
el solo hecho de "recapturar" nuestras mitologías, entenderíamos
estos fantasmas, nos sentiríamos cómodos con la muerte y así superar nuestras
patologías mentales.
Los críticos han sugerido que
Jung estaba simplemente enfermo cuando todo esto ocurrió. Pero Jung creía que
si queremos entender la jungla, no nos podemos contentar con solo desplazarnos
por sus alrededores. Debemos entrar en ella, no importa cuán extraña o
aterradora pueda verse.
Biografía
Carl Jung
Carl Gustav Jung nació el 26 de
julio de 1875 en una pequeña localidad de Suiza llamada Kessewil. Su padre,
Paul Jung, fue un clérigo rural y su madre fue Emilie Preiswerk Jung. El niño
Carl creció rodeado de una familia muy educada y extensa que incluía a unos
cuantos clérigos y algunos excéntricos también.
El padre inició a Carl en el
latín a la edad de 6 años, lo que desde el principio aceptó con gran interés,
en especial por el lenguaje y la literatura antigua. Además de leer la mayoría
de las lenguas modernas del occidente europeo, Jung también leía
alternativamente varias otras lenguas antiguas como el sánscrito (el lenguaje
original de los libros sagrados hindúes).
Carl era más bien un chico
solitario en su adolescencia, no le importaba mucho el colegio y no soportaba
la competición. Acudió a un colegio interno en Basel, Suiza, donde se encontró
frontalmente con los celos de sus compañeros. Empezó a utilizar la enfermedad
como excusa, desarrollando una tendencia avergonzante a desmayarse cuando
estaba sometido a una gran presión.
Aunque su primera elección de
carrera fue la arqueología, se decidió por la medicina en la Universidad de
Basel. Allí conoció al famoso neurólogo Kraft-Ebing, y llegó a trabajar para
él. Bajo su influencia, estudió psiquiatría.
Poco después de su licenciatura,
se estableció en el Hospital Mental de Burghoeltzli en Zurich bajo la tutela de
Eugene Bleuler, padre y conocedor más importante de la esquizofrenia. En 1903,
se casa con Emma Rauschenbach. En aquel tiempo, también dedicó parte de su
tiempo a dar clases en la Universidad de Zurich y mantenía una consulta privada.
Fue aquí donde inventó la asociación de palabras.
Siendo un gran admirador de
Freud, por fin le conoció en Viena en 1907. Dice la historia que después de
conocerle, Freud canceló todas sus citas del día, para continuar una
conversación que duraría 13 horas continuas. ¡Tal fue el impacto de este
encuentro entre estas dos mentes privilegiadas!. Eventualmente, Freud consideró
a Jung como el príncipe de la corona del psicoanálisis y su mano derecha.
Pero Jung nunca se apoyó en su
totalidad a la teoría freudiana. Su relación empezó a enfriarse en 1909,
durante un viaje a América. En este viaje, ambos se entretenían analizándose
los sueños de cada uno (aparentemente de manera más desenfadada que seria),
cuando en un momento determinado Freud demostró una excesiva resistencia a los
esfuerzos de análisis de Jung. Finalmente, Freud le dijo que debían parar, ya
que él se sentía con temor a perder su autoridad. Evidentemente, Jung se sintió
insultado.
La Primera Guerra Mundial fue un
periodo especialmente doloroso de auto-exámen para Jung. Sin embargo, era solo
el principio de una de las teorías de la personalidad más interesantes que el
mundo haya visto.
Después de la guerra, Jung viajó
mucho; desde tribus de África hasta poblaciones de América y la India. Se
jubiló en 1946, retrayéndose de la vida pública a partir de este momento hasta
la muerte de su esposa en 1955. Murió el 6 de junio de 1961 en Zurich.
Teoría
La teoría de Jung divide la
psique en tres partes. La primera es el Yo, el cual se identifica con la mente
consciente. Relacionado cercanamente se encuentra el inconsciente personal, que
incluye cualquier cosa que no esté presente en la consciencia, pero que no está
exenta de estarlo. El inconsciente personal sería como lo que las personas
entienden por inconsciente en tanto incluye ambas memorias, las que podemos
atraer rápidamente a nuestra consciencia y aquellos recuerdos que han sido
reprimidos por cualquier razón. La diferencia estriba en que no contiene a los
instintos, como Freud incluía.
Después de describir el
inconsciente personal, Jung añade una parte al psiquismo que hará que su teoría
destaque de las demás: el inconsciente colectivo. Podríamos llamarle
sencillamente nuestra "herencia psíquica". Es el reservorio de
nuestra experiencia como especie; un tipo de conocimiento con el que todos
nacemos y compartimos. Aun así, nunca somos plenamente conscientes de ello. A
partir de él, se establece una influencia sobre todas nuestras experiencias y
comportamientos, especialmente los emocionales; pero solo le conocemos
indirectamente, viendo estas influencias.
Existen ciertas experiencias que
demuestran los efectos del inconsciente colectivo más claramente que otras. La
experiencia de amor a primera vista, el deja vu (el sentimiento de haber estado
anteriormente en la misma situación) y el reconocimiento inmediato de ciertos
símbolos y significados de algunos mitos, se pueden considerar como una conjunción súbita de la realidad externa e
interna del inconsciente colectivo. Otros ejemplos que ilustran con más
amplitud la influencia del inconsciente colectivo son las experiencias
creativas compartidas por los artistas y músicos del mundo en todos los
tiempos, o las experiencias espirituales de la mística de todas las religiones,
o los paralelos de los sueños, fantasías, mitologías, cuentos de hadas y la
literatura.
Un ejemplo interesante que
actualmente se discute es la experiencia cercana a la muerte. Parece ser que
muchas personas de diferentes partes del mundo y con diferentes antecedentes
culturales viven situaciones muy similares cuando han sido
"rescatados" de la muerte clínica. Hablan de que sienten que
abandonan su cuerpo, viendo sus cuerpos y los eventos que le rodean claramente;
de que sienten como una "fuerza" les atrae hacia un túnel largo que
desemboca en una luz brillante; de ver a familiares fallecidos o figuras
religiosas esperándoles y una cierta frustración por tener que abandonar esta
feliz escena y volver a sus cuerpos. Quizás todos estamos
"programados" para vivir la experiencia de la muerte de esta manera.
Arquetipos
Los contenidos del inconsciente
colectivo son los llamados arquetipos. Jung también les llamó dominantes,
imagos, imágenes primordiales o mitológicas y otros nombres, pero el término
arquetipo es el más conocido. Sería una tendencia innata (no aprendida) a
experimentar las cosas de una determinada manera.
El arquetipo carece de forma en
sí mismo, pero actúa como un "principio organizador" sobre las cosas
que vemos o hacemos. Funciona de la misma manera que los instintos en la teoría
freudiana. Al principio, el bebé solo quiere algo de comer, sin saber lo que
quiere. Es decir, presenta un anhelo indefinido que, no obstante, puede ser
satisfecho por algunas cosas y no por otras. Más tarde, con la experiencia, el
bebé empieza a anhelar cosas más concretas cuando tiene hambre (un biberón, una
galleta, una langosta a la brasa, un pedazo de pizza estilo Nueva York).
El arquetipo es como un agujero
negro en el espacio. Solo sabemos que está ahí por cómo atrae materia y luz
hacia sí mismo.
El arquetipo materno
Este arquetipo es particularmente
útil como ejemplo. Todos nuestros ancestros tuvieron madres. Hemos
evolucionados en un ambiente que ha incluido una madre o un sustituto de ella.
Nunca hubiéramos sobrevivido sin la conexión con una persona cuidadora en
nuestros tiempos de infantes indefensos. Está claro que somos
"construidos" de forma que refleja nuestro ambiente evolutivo:
venimos a este mundo listos para desear una madre, la buscamos, la reconocemos
y lidiamos con ella.
Así, el arquetipo de madre es una
habilidad propia constituida evolutivamente y dirigida a reconocer una cierta
relación, la de la "maternalidad". Jung establece esto como algo
abstracto, y todos nosotros proyectamos el arquetipo a la generalidad del mundo
y a personas particulares, usualmente nuestras propias madres. Incluso cuando
un arquetipo no encuentra una persona real disponible, tendemos a
personificarlo; esto es, lo convertimos en un personaje mitológico "de
cuentos de hadas", por ejemplo. Este personaje simboliza el arquetipo.
Este arquetipo está simbolizado
por la madre primordial o "madre tierra" de la mitología; por Eva y
María en las tradiciones occidentales y por símbolos menos personalizados como
la iglesia, la nación, un bosque o el océano. De acuerdo con Jung, alguien a quien
su madre no ha satisfecho las demandas del arquetipo, se convertiría
perfectamente en una persona que lo busca a través de la iglesia o
identificándose con la "tierra madre", o en la meditación sobre la
figura de María o en una vida dedicada a la mar.
Maná
Debemos saber que estos
arquetipos no son realmente cosas biológicas, como los instintos de Freud. Son
demandas más puntuales. Por ejemplo, si uno sueño con cosas alargadas, Freud
sugeriría que éstas representarían el falo y en consecuencia el sexo. Jung
propondría una interpretación muy distinta. Incluso, el soñar con el pene no
necesariamente implica una insatisfacción sexual.
Es llamativo que en sociedades
primitivas, los símbolos fálicos usualmente no se refieran en absoluto al sexo.
Usualmente simbolizan el maná, o poder espiritual. Esto símbolos se exhiben
cuando es necesario implorar a los espíritus para lograr un mejor cosecha del
maíz, o aumentar la pesca o para ayudar a alguien. La relación entre el pene y
la fuerza, entre el sémen y la semilla, entre la fertilidad y la fertilización
son parte de la mayoría de las culturas.
La sombra
Por supuesto que en la teoría
junguiana también hay espacio para el sexo y los instintos. Éstos forman parte
de un arquetipo llamado la sombra. Deriva de un pasado pre-humano y animal,
cuando nuestras preocupaciones se limitaban a sobrevivir y a la reproducción, y
cuando no éramos conscientes de nosotros como sujetos.
Sería el "lado oscuro"
del Yo (del sí mismo. N.T.) y nuestra parte negativa o diabólica también se
encuentra en este espacio. Esto supone que la sombra es amoral; ni buena ni
mala, como en los animales. Un animal es capaz de cuidar calurosamente de su
prole, al tiempo que puede ser un asesino implacable para obtener comida. Pero
él no escoge ninguno de ellos. Simplemente hace lo que hace. Es
"inocente". Pero desde nuestra perspectiva humana, el mundo animal
nos parece brutal, inhumano; por lo que la sombra se vuelve algo relacionado
con un "basurero" de aquellas partes de nosotros que no queremos
admitir.
Los símbolos de la sombra
incluyen la serpiente (como en el Jardín del Edén), el dragón, los monstruos y
demonios. Usualmente guarda la entrada a una cueva o a una piscina de agua, que
representarían el inconsciente colectivo. La siguiente vez que sueñen que se
están peleando con un luchador fortísimo, puede que simplemente ¡se esté
peleando con usted mismo!.
La persona
La persona representa nuestra
imagen pública. La palabra, obviamente, está relacionada con el término persona
y personalidad y proviene del latín que significa máscara. Por tanto, la
persona es la máscara que nos ponemos antes de salir al mundo externo. Aunque
se inicia siendo un arquetipo, con el tiempo vamos asumiéndola, llegando a ser
la parte de nosotros más distantes del inconsciente colectivo.
En su mejor presentación,
constituye la "buena impresión" que todos queremos brindar al
satisfacer los roles que la sociedad nos exige. Pero, en su peor cara, puede
confundirse incluso por nosotros mismos, de nuestra propia naturaleza. Algunas
veces llegamos a creer que realmente somos lo que pretendemos ser.
Anima y animus
Una parte de la persona es el
papel masculino o femenino que debemos interpretar. Para la mayoría de los
teóricos, este papel está determinado por el género físico. Pero, al igual que
Freud, Adler y otros, Jung pensaba que en realidad todos nosotros somos
bisexuales por naturaleza. Cundo empezamos nuestra vida como fetos, poseemos
órganos sexuales indiferenciados y es solo gradualmente, bajo la influencia
hormonal, cuando nos volvemos machos y hembras. De la misma manera, cuando
empezamos nuestra vida social como infantes, no somos masculinos o femeninos en
el sentido social. Casi de inmediato (tan pronto como nos pongan esas botitas
azules o rosas), nos desarrollamos bajo la influencia social, la cual
gradualmente nos convierte en hombres y mujeres.
En todas las culturas, las
expectativas que recaen sobre los hombres y las mujeres difieren. Estas están
basadas casi en su totalidad sobre nuestros diferentes papeles en la
reproducción y en otros detalles que son casi exclusivamente tradicionales. En
nuestra sociedad actual, todavía retenemos muchos remanentes de estas
expectativas tradicionales. Todavía esperamos que las mujeres sean más
calurosas y menos agresivas; que los hombres sean fuertes y que ignoren los
aspectos emocionales de la vida. Pero Jung creía que estas expectativas
significaban que solo hemos desarrollado la mitad de nuestro potencial.
El ánima es el aspecto femenino
presente en el inconsciente colectivo de los hombres y el animus es el aspecto
masculino presente en el inconsciente colectivo de la mujer. Unidos se les
conoce como syzygy. El ánima puede estar representada (personificada) como una
joven chica, muy espontánea e intuitiva, o como una bruja, o como la madre
tierra. Usualmente se asocia con una emocionalidad profunda y con la fuerza de
la vida misma. El animus puede personificarse como un viejo sabio, un guerrero,
o usualmente como un grupo de hombres, y tiende a ser lógico, muchas veces
racionalista e incluso argumentativo.
El ánima y el animus son los
arquetipos a través de los cuales nos comunicamos con el inconsciente colectivo
en general y es importante llegar a contactar con él. Es también el arquetipo
responsable de nuestra vida amorosa: como sugiere un mito griego, estamos
siempre buscando nuestra otra mitad; esa otra mitad que los Dioses nos
quitaron, en los miembros del sexo opuesto. Cuando nos enamoramos a primera vista,
nos hemos topado con algo que ha llenado nuestro arquetipo ánima o animus
particularmente bien.
Otros arquetipos
Jung decía que no existía un
número fijo de arquetipos que pudiésemos listar o memorizar. Se superponen y se
combinan entre ellos según la necesidad y su lógica no responde a los
estándares lógicos que entendemos. Jung, sin embargo, definió algunos otros:
Además de la madre, existen otros
arquetipos familiares. Obviamente, existe un padre que con frecuencia está
simbolizado por una guía o una figura de autoridad. Existe también el arquetipo
de familia que representa la idea de la hermandad de sangre, así como unos
lazos más profundos que aquellos basados en razones conscientes.
También tenemos el de niño,
representado en la mitología y en el arte por los niños, en particular los
infantes, así como por otras pequeñas criaturas. La celebración del niño Jesús
en las Navidades es una manifestación del arquetipo niño y representa el
futuro, la evolución, el renacimiento y la salvación. Curiosamente, la Navidad
acontece durante el solsticio de invierno, el cual representa el futuro y el
renacimiento en las culturas primitivas nórdicas. Estas personas encienden
hogueras y realizan ceremonias alrededor del fuego implorando la vuelta del
sol. El arquetipo niño también con frecuencia se mezcla con otros, formando el
niño-dios o el niño-héroe.
Muchos arquetipos son caracteres
de leyendas. El héroe es uno de los principales. Está representado por la
personalidad mana y es el luchador de los dragones malvados. Básicamente,
representa al Yo (tendemos a identificarnos con los héroes de las historias) y
casi siempre está envuelto en batallas contra la sombra, en forma de dragones y
otros monstruos. No obstante, el héroe es tonto. Es, después de todo, un ignorante
de las formas del inconsciente colectivo.
Existen otros arquetipos que son
un poco más complicados de mencionar. Uno es el hombre original, representado
en las culturas occidentales por Adán. Otro es el arquetipo Dios, el cual
representa nuestra necesidad de comprender el Universo; que nos provee de
significado a todo lo que ocurre y que todo tiene un propósito y dirección.
El hermafrodita, tanto hombre
como mujer, es una de las ideas más importantes de la teoría junguiana y
representa la unión de los opuestos. En algunos cuadros religiosos, Jesucristo
está representado más bien como un hombre afeminado. Así mismo, en China, el
carácter de Kuan Yin es de hecho un santo masculino (el bodhisattva
Avalokiteshwara), ¡pero está pintado de una forma tan femenina que usualmente
se le considera más como la diosa de la compasión!.
El arquetipo más importante es el
de self (mantendremos aquí el término "self" que "sí
mismo", por su aceptación literal en psicología de habla hispana. N.T.).
El self es la unidad última de la personalidad y está simbolizado por el
círculo, la cruz y las figuras mandalas que Jung halló en las pinturas. Un
mandala es un dibujo que se usa en meditación y se utiliza para desplazar el
foco de atención hacia el centro de la imagen. Puede ser un trazo tan simple
como una figura geométrica o tan complicado como un vitral. La personificación
que mejor representa el self es Cristo y Buda; dos personas, por cierto, que
representan según muchos, el logro de la perfección. Pero Jung creía que la
perfección de la personalidad solamente se alcanza con la muerte.
Las dinámicas del psiquismo
Jung nos brinda tres principios.
El primero de ellos es el principio de los opuestos. Cada deseo inmediatamente
sugiere su opuesto. Por ejemplo, si tengo un pensamiento positivo, no puedo
dejar de tener el opuesto en algún lugar de mi mente. De hecho, es un concepto
bastante básico: para saber lo que es bueno debo conocer lo malo, de la misma
forma que no podemos saber lo que es negro sin conocer lo blanco; o lo que es
alto sin lo bajo.
De acuerdo con Jung, es la
oposición la que crea el poder (o libido) del psiquismo. Es como los dos polos
de una batería, o la escisión de un átomo. Es el contraste el que aporta la
energía, por lo que un contraste poderoso dará lugar a una energía fuerte y un
contraste débil provocará una energía pobre.
El segundo principio es el
principio de equivalencia, donde la energía resultante de la oposición se
distribuye equitativamente en ambos lados. Así, cuando yo sostenía a aquel
pajarito en mi mano, existía una energía que me impulsaba a ayudarle; así como
también otra de iguales características que me dirigía a aplastarle. Intenté
ayudar al pájaro, por lo que toda esa energía se distribuyó en los variados
comportamientos dirigidos a ese fin. Pero, ¿qué pasó entonces con la otra
parte?.
Bueno, eso depende de la actitud
que uno tome con respecto a ese deseo no satisfecho. Si mantenemos ese deseo de
forma consciente; es decir, que somos capaces de reconocerlo, entonces
provocamos un aumento de calidad en el funcionamiento psíquico; esto es,
crecemos.
Si por el contrario, pretendemos
negar que este pensamiento estuviera ahí, si lo suprimimos, la energía se
dirigirá hacia el desarrollo de un complejo. El complejo es un patrón de pensamientos
y sentimientos suprimidos que se agrupan (que establecen una constelación)
alrededor de un tema en concreto proveniente de un arquetipo. Si negamos haber
tenido un pensamiento relacionado con aplastar el pájaro, podríamos poner esa
idea en una de las formas ofrecidas por la sombra (nuestro "lado
oscuro"). O si un hombre niega su lado emocional, su emocionalidad puede
encontrar su forma de expresión dentro del arquetipo de ánima.
Aquí es donde empiezan los
problemas. Si pretendemos que en toda nuestra vida somos absolutamente buenos;
que ni siquiera tenemos la capacidad de mentir y engañar; de robar y matar,
entonces cada vez que seamos buenos, nuestra otra parte se consolidará en un
complejo alrededor de la sombra. Ese complejo empezará a tomar vida propia y te
atormentará da alguna manera.
Si el complejo dura mucho tiempo,
puede llegar a "poseerte" y puedes terminar con una personalidad
múltiple. El último principio es el principio de entropía, el cual establece la
tendencia de los opuestos a atraerse entre sí, con el fin de disminuir la
cantidad de energía vital a lo largo de la vida. Jung extrajo la idea de la
física, donde la entropía se refiere a la tendencia de todos los sistemas
físicos de solaparse; esto es, que toda la energía se distribuya eventualmente.
Si, por ejemplo, tenemos un calentador en la esquina de una habitación, con el
tiempo el salón completo se calentará.
Cuando somos jóvenes, los
opuestos tienden a ser muy extremos, malgastando una gran cantidad de energía.
Por ejemplo, los adolescentes tienden a exagerar las diferencias entre sexos,
siendo los chicos más machos y las chicas más femeninas, por lo que su
actividad sexual está investida de grandes cantidades de energía. Además, estos
oscilan de un extremo a otro, siendo locos y salvajes en un momento y
encontrando la religión en otro.
A medida que nos vamos haciendo
mayores, la mayoría de nosotros empieza a sentirse cómodos con nuestras
facetas. Somos un poco menos idealistas e ingenuos y reconocemos que somos una
combinación de bueno y malo. Nos vemos menos amenazados por nuestros opuestos
sexuales y nos volvemos más andróginos. Incluso, en la edad de la vejez, las
mujeres y los hombres tienden a parecerse más. Este proceso de sobreponernos
por encima de nuestros opuestos; el ver ambos lados de lo que somos, es llamado
trascendencia.
El self
La meta de la vida es lograr un
self. El self es un arquetipo que representa la trascendencia de todos los
opuestos, de manera que cada aspecto de nuestra personalidad se expresa de
forma equitativa. Por tanto, no somos ni masculinos ni femeninos; somos ambos;
lo mismo para el Yo y la sombra, para el bien y el mal, para lo consciente y lo
inconsciente, y también lo individual y lo colectivo (la creación en su
totalidad). Y por supuesto, si no hay opuestos, no hay energía y dejamos de
funcionar. Evidentemente, ya no necesitaríamos actuar.
Si intentamos alejarnos un poco
de las consideraciones místicas, sería recomendable que nos situáramos en una
postura más centralista y equilibrada de nuestra psique. Cuando somos jóvenes,
nos inclinamos más hacia el Yo, así como en las trivialidades de la persona.
Cuando envejecemos (asumiendo que lo hemos hecho apropiadamente), nos dirigimos
hacia consideraciones más profundas sobre el self y nos acercamos más a las
gentes, hacia la vida y hacia el mismo universo. La persona que se ha realizado
(que ha desarrollado su sí mismo- su self) es de hecho menos egocéntrica.
Sincronicidad
A través de los años los teóricos
han discutido ampliamente si los procesos psicológicos se establecen a partir
de modelos mecanicistas o teleológicos. El mecanicismo es la idea de que las
cosas funcionan a través de un proceso de causa-efecto. Una cosa lleva a otra,
y esa otra a una siguiente y así sucesivamente, por lo que el pasado determina
al presente. La teleología es la idea que defiende que somos guiados por
nuestros propósitos, significados, valores y demás. El mecanicismo está
asociado al determinismo y las ciencias naturales; la teleología está
relacionada con el libre albedrío y se considera en la actualidad una postura
un tanto rara. Es todavía común en filósofos moralistas, legalistas y
religiosos y, por supuesto también, en algunos teóricos de la personalidad.
La sincronicidad supone la
ocurrencia de dos eventos que no están asociados ni causalmente ni
teleológicamente, más sin embargo tienen una relación significativa. Jung nunca
se aclaró con respecto a sus creencias religiosas, pero esta idea inusual de
sincronicidad la hallamos fácilmente explicada en la perspectiva hindú de la
realidad. Desde este punto de vista, nuestros Yo individuales son como islas en
el mar. Estamos acostumbrados a ver el mundo y a los demás como entes
individuales y separados. Lo que no vemos es que estamos conectados entre
nosotros por medio del suelo marino que subyace a las aguas.
Introversión y extroversión
Jung desarrolló una tipología de
la personalidad que se ha vuelto tan popular que mucha gente cree que él no
hizo nada más. Esta empieza con la diferencia entre introversión y
extroversión. Las personas introvertidas prefieren su mundo interno de
pensamientos, sentimientos, fantasías, sueños y demás, mientras que las
extrovertidas prefieren el mundo externo de las cosas, las actividades y las
personas.
Las funciones
Aún cuando seamos introvertidos o
extrovertidos, está claro que necesitamos lidiar con el mundo, tanto interno
como externo. Y cada uno de nosotros posee su propia manera de hacerlo, de
manera más o menos cómoda y útil. Jung sugiere que existen cuatro maneras o
funciones de hacerlo:
La primera es la de las
sensaciones, que como indica la propia palabra supone la acción de obtener
información a través de los significados de los sentidos. Una persona sensible
es aquella que dirige su atención a observar y escuchar, y por tanto, a conocer
el mundo. Jung consideraba a esta función como una de las irracionales, o lo
que es lo mismo, que comprende más a las percepciones que al juicio de la
información.
La segunda es la del pensamiento.
Pensar supone evaluar la información o las ideas de forma racional y lógica.
Jung llamó a esta función como racional, o la toma de decisiones en base a
juicios, en vez de una simple consideración de la información.
La tercera es la intuición. Este
es un modelo de percepción que funciona fuera de los procesos conscientes
típicos. Es irracional o perceptiva como la sensación, pero surge de una
bastante más compleja integración de grandes cantidades de información, más que
una simple visión o escucha. Jung decía que era como "ver alrededor de las
esquinas".
La cuarta es el sentimiento. Es
el acto de sentir, como el de pensar. Es una cuestión de evaluación de la
información. En este caso está dirigida a la consideración de la respuesta
emocional en general. Jung le llamó racional; evidentemente no de la manera en
que estamos acostumbrados a usar el término.
Todos nosotros poseemos estas
funciones. Diríamos que simplemente la usamos en diferentes proporciones. Cada
uno de nosotros tiene una función superior que preferimos y que está más
desarrollada.; otra secundaria, de la cual somos conscientes de su existencia y
la usamos solo para apoyar a la primera. También tenemos una terciaria, la cual
está muy poco desarrollada y no es muy consciente para nosotros y finalmente
una inferior, la cual está muy pobremente desarrollada y es tan inconsciente
que podríamos negar su existencia en nosotros.
La mayoría de nosotros sólo desarrolla una o dos
de las funciones, pero nuestra meta debería ser desarrollar las cuatro. Una vez
más, Jung considera la trascendencia de los opuestos como un ideal.
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